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Esquizofrenia

¿Qué es la Esquizofrenia?

La esquizofrenia es una enfermedad del cerebro que afecta a una gran cantidad de personas y puede ser crónica e incapacitante. Se calcula que el 1% de la población la padece a lo largo de un año, por lo tanto más de 400.000 argentinos podrían estar afectados por ésta enfermedad. Se manifiesta por síntomas en distintas esferas de la personalidad, pero los más llamativos son aquellos relacionados con las percepciones irreales, que llamamos alucinaciones (ver o escuchar algo que no existe) o las ideas anormales que se denominan delirantes (sentirse perseguido y observado sin que ello sea cierto). Además la enfermedad afecta las emociones, produciendo aplanamiento afectivo y la voluntad lo que genera dificultades para mantenerse activos.

¿Cómo se manifiesta la Esquizofrenia?

La esquizofrenia puede comenzar a cualquier edad, pero lo más típico es que lo haga entre la pubertad y los 30 años de edad. Como podemos ver, afecta a gente joven. Lo primero que notan los familiares son cambios de conducta difíciles de diferenciar para ellos de un estado depresivo o de los cambios conductuales típicos de los adolescentes. Las personas se ponen más retraídas, irritables y no rara vez muestran interés por temas extraños. No es raro que se encierren en su cuarto y no salgan por horas o, incluso días, con la consiguiente preocupación familiar. La irritabilidad es frecuente. Podemos ver una serie de síntomas que suelen preceder al inicio de la esquizofrenia:

  • Nerviosismo
  • Cambios en el patrón de sueño
  • Pensamientos o experiencias inusuales o extraños
  • Trastornos en el Pensamiento
  • Problemas para concentrarse
  • Conducta extraña o llamativa
  • Retracción Social

En algunas ocasiones, pero no siempre, los pacientes experimentan los denominados “brotes”, que es el nombre técnico con el que los psiquiatras y psicólogos se refieren a los episodios agudos. En éstos brotes los pacientes sufren un cambio brusco en su conducta, se los ve ansiosos o francamente excitados y comienzan a manifestar los típicos síntomas psicóticos o “positivos de la enfermedad”. (la palabra “psicosis” se refiere al momento en el cual la persona, debido a éstos síntomas, pierde contacto con la realidad). Aparecen las alucinaciones, los delirios y la desorganización del pensamiento. Las alucinaciones se expresan como voces o, menos frecuentemente, visiones. En general éstas voces le hablan a la persona en forma despectiva o insultante, o que explicaría la agitación que producen. Muchas veces son varias voces que hablan del paciente o describen sus propios actos. Algunas personas experimentan el denominado “eco o difusión del pensamiento”, en el cual tienen la sensación de que lo que piensan puede ser escuchados por quienes los rodean. Aquellos que han padecido alucinaciones saben lo aterrorizante que puede llegar a ser la experiencia. No es raro que las alucinaciones sean la base para que se desarrollen ideas delirantes, es decir falsas creencias de las cuales el sujeto tiene certeza y es imposible de disuadirlo –esto las diferencia de una obsesión en la cual la persona se da cuenta de lo anormal de la idea- Las típicas ideas delirantes son las de ser perseguido, observado, ser víctima de un complot o injusticias, ser envenenado, etc. Por otro lado los pacientes presentan los “trastornos formales del pensamiento” que se caracterizan por dificultades en las asociaciones lógicas, que generan que se expresen de una forma vaga e imprecisa, lo que dificulta el diálogo. Finalmente tenemos los trastornos afectivos. Las personas sufren un aplanamiento en éste área que los puede hacer ver como inexpresivos o distantes, muy unidos a esto van los trastornos de la voluntad, que se expresa con disminución de la actividad y desinterés en las actividades. La ansiedad y la depresión son, a menudo, los síntomas que indican el inicio de la enfermedad o, incluso, la preceden.

¿Cómo evoluciona la Esquizofrenia?

Esta enfermedad tiende a ser crónica y los síntomas suelen volver, sobre todo cuando los pacientes dejan los tratamientos. 8 de cada 10 pacientes que abandonan el tratamiento, recaen. Hoy en día las posibilidades de que la evolución sea favorable es mucho mayor que hace años. Lo que denominamos “deterioro” es el progresivo aplanamiento afectivo, de la voluntad y de los intereses que suele verse en parte de los pacientes. Cuánto se deteriora una persona con esquizofrenia depende de diversos factores: el tipo de enfermedad, la cantidad de episodios, la adherencia al tratamiento.

¿Cómo se diagnostica la Esquizofrenia?

Para el diagnóstico se requiere una evaluación psiquiátrica y psicológica que involucre no sólo al paciente sino a su familia, con el objeto de reunir la mayor cantidad de datos. No existen hoy por hoy exámenes de laboratorio que permitan diagnosticar la enfermedad. Sin embargo frecuentemente se efectúan estudios de neuroimágenes, que pueden aportar elementos, pero no son diagnósticos. Dado que muchos estudios han demostrado que las personas con esquizofrenia tienen trastornos sutiles en el procesamiento de la información, la evaluación neurocognitiva es de gran importancia. Allí vemos como están funciones como la memoria, la atención y la función ejecutiva (la capacidad de diseñar estrategias y tomar decisiones).

¿Cuáles son las causas de la Esquizofrenia?

La esquizofrenia es una enfermedad multicausal en la cual factores genéticos y ambientales convergen para generar alteraciones a nivel cerebral. Mediante extensos estudios estadísticos se ha observado que ciertos factores de riesgo se relacionan con la enfermedad, no pudiéndose atribuir la causa a ninguno de ellos en particular. Dos teorías nos dan las mejores explicaciones:

  1. La teoría “Dopaminérgica”: Con la aparición de los primeros medicamentos llamados “neurolépticos” (ver capítulo de tratamiento) se puso en evidencia que éstos actuaban sobre el neurotransmisor dopamina por sus efectos motores; de a poco se fue viendo que la dopamina estaba involucrada con los síntomas de la enfermedad. En ciertos circuitos cerebrales en los pacientes con psicosis se produciría un aumento de la actividad de éste neurotransmisor, esto explicaría los síntomas como alucinaciones y delirios. Los medicamentos al bloquear éstos circuitos reducen los síntomas, pero como bloquean también la dopamina de otros circuitos relacionados con el control del movimiento, producen los típicos efectos indeseados motores de éstos fármacos. Por otro lado se ha demostrado que en otros circuitos, relacionados con la motivación y la función cognitiva, habría una disminución de la actividad de éste neurotransmisor. Por eso los tratamientos más modernos modulan la dopamina bloqueándola en algunos lugares y estimulándola en otros.
  2.  La Hipótesis del “Neurodesarrollo”: Durante muchos años se pensó que la estructura del cerebro de las personas con esquizofrenia era totalmente normal. Con los avances de las técnicas de neuroimágenes se hizo evidente que esto no era así y que podían detectarse alteraciones sutiles. El estudio sistemático de la estructura microscópica celular del cerebro (que llamamos “citoarquitectura”) del cerebro de personas con esquizofrenia mostraba alteraciones en su ordenamiento. Pero por las características de dichas alteraciones éstas no podían ser una consecuencia degenerativa de la enfermedad, sino que debían ser producidas en momentos en los cuales el cerebro se estaba desarrollando, particularmente el segundo trimestre del embarazo. Esto significa que estas alteraciones están presentes antes de que la enfermedad comience. Se postula que los factores como virus, genes malnutrición y otros, afectan la organización precoz de las conexiones intracerebrales. En éste sentido se piensa actualmente que la esquizofrenia es una enfermedad del “desarrollo neural” que si bien se produce durante la gestación, permanece latente hasta su inicio posterior. Porqué ocurre éste fenómeno es objeto de muchas hipótesis.

En cuanto a los factores genéticos se ha observado que si bien es cierto que el parentezco aumenta el riesgo de padecer la enfermedad, existen muchos casos en los cuales no se pueden detectar antecedentes de la enfermedad en la familia, por lo que se piensa que hay formas “más genéticas” y formas “más ambientales”

¿Todas las esquizofrenias son iguales?

No todas las personas con esquizofrenia presentan los mismos síntomas ni la misma evolución ni la misma respuesta a los tratamientos. Clásicamente se describen cuatro formas clínicas:

  • Simple: Predominan los síntomas de abulia y el aplanamiento afectivo
  • Hebefrénica: Es una forma de inicio juvenil, cerca de la pubertad, caracterizada por la conducta pueril, alteraciones anímicas y cierto grado de impulsividad
  • Paranoide: Predominan las ideas delirantes y las alucinaciones con ideas de ser perseguido u observado. A veces las ideas hacen referencia a padecimientos corporales extraños.
  • Catatónica: Afecta a la esfera psicomotríz. Las personas se presentan rígidas y quietas, con posturas anormales. Algunas veces repiten movimientos en forma estereotipada.

Además se ha visto que mientras hay personas en las cuales la enfermedad comienza en forma más o menos brusca, en otras comienza en forma lenta y se va instalando poco a poco. En éstos casos el diagnóstico suele ser más difícil.

Por otro lado existen condiciones relacionadas con la enfermedad que expresan formas más sutiles de la misma o, probablemente, rasgos de predisposición: Trastorno esquizoafectivo, trastornos esquizoide y esquizotípico de la personalidad y trastorno delirante.

¿Cómo se trata la esquizofrenia?

Afortunadamente existe una serie de recursos para tratar ésta enfermedad y mejorar la calidad de vida de las personas que las padecen. Los mismos son tanto farmacológicos como psicosociales. Los medicamentos para tratar ésta enfermedad se llaman antipsicóticos y se dividen en dos grandes familias: Los clásicos o Neurolépticos y los de nueva generación o antipsicóticos atípicos.

  • Los neurolépticos (fármacos como el haloperidol, la clorpromazina, la trifluoperazina, la tioridazina, etc) son medicamentos muy efectivos para controlar, sobre todo, los síntomas como alucinaciones, delirios y la agitación psicomotríz. Producen una serie de efectos colaterales a nivel motor. Uno de ellos es el síndrome parkinsoniano medicamentoso, caracterizado por rigidez muscular, lentitud de los movimientos y temblor. Es reversible y puede controlarse con ciertos fármacos. Si bien estos fármacos no logran mejorar los síntomas negativos o deficitarios de la enfermedad, siguen siendo de gran utilidad.
  • Antipsicóticos Atípicos: Se los denomina de ésta manera debido a dos características fundamentales: no producen el mencionado cuadro parkinsoniano y, además, son efectivos para mejorar los síntomas negativos (aplanamiento, abulia). Por otro lado se ha visto que en algunos pacientes podrían mejorar la performance cognitiva
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