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Futuro: ¿el reino de la neo melancolía?

Futuro: ¿el reino de la neo melancolía?

«La vida es un peso muerto, pesa la vida» (`Neo melancolías’, de Massimo Recalcatti).

Son tiempos de neo melancolías, que es una forma de melancolía en donde no se puede percibir un futuro por la muerte del deseo. Deseo que sea proyecto, misión, vocación. Esto parece muerto en muchos adolescentes e incluso en adultos.­

Rechazo de la vida; «vida que rechaza a la vida» (Massimo Recalcatti autor del concepto `neo melancolía’). Vuelta al claustro, al encierro en las drogas, el boliche, el cuarto, etc. Todo esto se manifiesta de diversas maneras en la vida del niño y de la propia familia.­

Esta neo melancolía se asocia a una caída de la función paterna, es decir, de un intermediario que actúa para incluir niño en el mundo y que lo marca positivamente en relación a la ley. Padre que no es solo un varón, puede ser también una madre. Esto parece fallar hoy. No podemos entender en este momento los traumas infantiles (abuso, incesto, violencia, etc.) sin esta caída de la función paterna.­

Esto se asocia a múltiples patologías de la adolescencia y de la vida familiar, la `vida muerta’ entonces busca `elíxires mágicos’ para sentir algo. Los psiquiatras americanos hablan de niños que vivieron años en un estrés tóxico con soledades, falta de encuentros, violencia, ausencias de sus figuras significativas, etc.­

Así se va manifestando una crisis de salud mental adolescente que tiene distintas variantes: consumo precoz de drogas como alcohol, marihuana de alta potencia adictiva y luego siguen la ketamina, la cocaína con consecuencias de tipo psiquiátrico (delirios alucinaciones, etc.), intentos de suicidios, ideas de muerte, autolesiones, cuadros de depresión, trastornos de la conducta alimentaria.­

La demanda en los centros sube y los daños se ven en niños de 10 u 11 años que consultan. La pandemia incrementó la desconexión con los medios sociales y la enfermedad en el seno de la propia familia. Pero no podemos solo hablar de la pandemia, hay sociedades rotas en la vida familiar con peculiares abandonos, abusos, duelos no resueltos e incluso carencia de encuentros gratificantes entre padres e hijos.­

La Fundación Ineco en su estudio de 2020 en conjunto con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires muestra que el 60 a 70 por ciento muestra signos de ansiedad, soledad y baja satisfacción con la vida. Unicef en un estudio en nueve países de América del Sur encontró que el 73 por ciento de los adolescentes sintió la necesidad de pedir ayuda en relación con su bienestar físico y mental.­

El Hospital Garrahan relevó que entre 2019 y 2021 se triplicaron las internaciones por intento de suicidio (Servicio de Salud Mental). La edad prevalente era entre 13 y 16 años.­

El Hospital Italiano, a través del Servicio de Salud Mental Pediátrica, muestra que creció el 47 por ciento la demanda en la central de emergencias de psiquiatría infantil y juvenil (sobre ingesta de sustancias, autolesiones, intento de suicidio).­

Es común hoy el consumo de marihuana y alcohol como un intento de regulación de las emociones dañadas ya desde la primera infancia. La Universidad de Harvard descubrió que el riesgo de padecer un trastorno psicótico es cinco veces mayor en consumidores de cannabis de alta potencia que entre los que nunca lo habían consumido.­

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EJEMPLO CLINICO­

Jorge va a la escuela en los límites entre CABA y el conurbano; sus padres no están implicados en lo que le sucede, están lejos de sus avatares puberales y de las angustias del inicio de la adolescencia. Ellos entre sí están también distantes. Es la típica familia llamada hoy nominal. Están juntos, pero solo formalmente, no hay vínculo entre ellos. La mesa familiar, cuando existe, es solo un encuentro entre aparatos de imágenes televisivas, de chats e Instagram. No hay lenguaje y entre la irritación existente por la preferencia de este mundo de imágenes en un soliloquio autista cada palabra que se pronuncia es contestada con la violencia de aquel que es interrumpido en su monólogo virtual. El grito suplanta a la escucha.­

La familia como continente normativo no funciona. Ley, límite, palabra, transmisión amorosa y vínculos que son la base de la cultura están ausentes. Todo es meramente nominal y la heladera, llena o vacía, es el único punto de encuentro. Jorge va a la escuela, pero esta no significa nada y no aprende en su mutismo rodeado de aparatos. Mientras tanto en esa escuela no hay normas y el vacío reina. Cervezas a la entrada, porros por doquier, alguna `pasta’ que se reparte. Los profesores, pobres profesores son también víctimas y victimarios de este sistema. Todos están nominalmente.­

Las instituciones en esas zonas desérticas vegetan, están, pero son solo edificios, ya que nada vive y se transmite en ellas. Límites, normas, exámenes, creencias, ¿qué es esto?­

La familia no participa de la vida escolar. Para ellos es la escuela la que debe educar cuando en realidad la escuela instruye y la familia debe educar. Todo transcurre mientras Jorge se aburre y se va de-socializando e incluso se va transformando en antisocial.­

El gran José Ortega y Gasset enseñaba que «solo la cultura nos salva del naufragio; el vivir es estar en una continua zozobra de naufragar, pero la virtud salvífica de los náufragos es la cultura». Pero Ortega y Gasset es del siglo XX, ya es viejo y representa de alguna manera a un sistema que hay que erradicar, piensan los intelectuales del pensamiento libertario en donde las drogas incluso pueden ser un instrumento más hacia la liberación.­

Pier Paolo Passolini, intelectual y cineasta comunista con una sólida formación humanista, decía a principios de los ’70 que el vacío de la cultura era lo que generaba el deseo de muerte que hoy se expresa en las drogas, el alcohol, la violencia, la dependencia a internet, el aislamiento aburrido, la anorexia. La cultura del vacío es lo que se promueve y precisamente la primera función de la escuela como herramienta cultural es el deseo de vida y no de muerte.­

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¿DONDE ESTAMOS LOS ADULTOS?­

A veces me pregunto: ¿dónde estamos los adultos? Sin adultos no hay adolescentes, decía el analista R. Erickson. También decía: «Sin confrontación del adolescente con el adulto no hay crecimiento sano». No hay confrontación porque el lugar adulto quedó como un hueco.­

H. Giddens, sociólogo y filósofo inglés enseñó: «Cuando cae la tradición aparece la adicción -y todos los comportamientos violentos-». Tradición que es, etimológicamente hablando, la transmisión de notas de vida ¿pero hay adultos que transmiten?­

Se ha roto lo que Freud describía como el matrimonio espiritual entre la escuela y la familia que son los ejes de la humanización. Deberes denostados, los límites cuando los hay son atacados. O sea, devaluación de la autoridad. Promoción de la transgresión.­

PADRES SINDICALISTAS­

Los padres se transforman en `sindicalistas’ de sus propios hijos al decir Massimo Recalcatti, psicoanalista italiano, que ve en la posmodernidad un maridaje entre las pedagogías libertarias y la anomia. El diálogo generacional -base de la cultura- entre padres y maestros se ha roto y ha surgido un híbrido de `anemia’ de valores con un divorcio de este pacto generacional y, entonces, padres y profesores ya no trabajan juntos, sino que de alguna manera los docentes son humillados cuando tratan de sortear los patrones de la decadencia de la pedagogía libertaria.­

«El maestro está cada vez más solo y humillado», dice Recalcatti, cuando él tendría que estar animado y valorado porque es el que despierta la pasión por el conocimiento, elemento salvífico en esta cultura del vacío.

Nota publicada en La Prensa: https://www.laprensa.com.ar/518145-Futuro-el-reino-de-la-neo-melancolia.note.aspx

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