Tropezar, perder el equilibrio o hablar con dificultad: cuándo una alteración en la coordinación requiere atención médica
En exclusiva para Infobae, especialistas de Ineco brindaron herramientas para reconocer manifestaciones tempranas, conocer sus posibles causas y decidir cuándo realizar la consulta.
Caminar en línea recta, alcanzar un vaso con la mano, abrocharse una camisa o articular con precisión las palabras son acciones que realizamos casi sin pensar. Sin embargo, detrás de cada una existe un complejo trabajo del sistema nervioso para coordinar la fuerza, la dirección y el momento preciso de cada movimiento.
Cuando esa coordinación se altera puede aparecer la ataxia, un término que muchas veces se confunde con el nombre de una enfermedad, pero que en realidad describe un conjunto de dificultades relacionadas con la coordinación y el equilibrio.
En el marco del Día Internacional de la Ataxia, que se conmemora cada 25 de septiembre, conocer qué significa este término y cuáles pueden ser sus causas resulta importante, ya que su aparición puede responder a condiciones muy diferentes.
“La ataxia no es una enfermedad en sí misma, sino una manifestación clínica que nos indica que existe una alteración en los sistemas encargados de coordinar el movimiento. Puede afectar la marcha, las extremidades, el habla o incluso los movimientos de los ojos, y sus causas son muy diversas”, explica la doctora María Eugenia González Toledo, médica neuróloga, coordinadora del área de Neuromodulación en Movimientos Anormales del Instituto de Neurociencias del Hospital Universitario de la Fundación Favaloro INECO.
Qué significa tener ataxia
La palabra ataxia hace referencia a una falta o alteración de la coordinación de los movimientos voluntarios. Una persona puede presentar inestabilidad al caminar, dificultad para mantener el equilibrio o movimientos de brazos y piernas menos precisos.
En algunos casos también puede aparecer disartria, que se manifiesta como dificultad para articular las palabras con claridad, o alteraciones en los movimientos oculares.
La intensidad y la forma de presentación pueden variar considerablemente. Algunas ataxias aparecen de manera repentina, mientras que otras evolucionan lentamente durante meses o años.
Por eso, identificar una alteración en la coordinación es solo el primer paso: el desafío es determinar qué la está produciendo.
El cerebelo: mucho más que equilibrio
El cerebelo, ubicado en la región posterior e inferior del cerebro, cumple un papel central en la coordinación. Recibe información de diferentes sistemas y la integra para ajustar los movimientos mientras los estamos realizando.
Se puede pensar que no es quien “da la orden” inicial de movernos, sino una estructura fundamental para que ese movimiento resulte preciso, coordinado y adaptado a lo que está ocurriendo.
Pero el conocimiento sobre el cerebelo cambió considerablemente en las últimas décadas. Hoy se sabe que sus funciones no se limitan al equilibrio y al movimiento: también participa en procesos relacionados con el lenguaje, la cognición y la regulación emocional.
“Durante mucho tiempo se pensó en el cerebelo casi exclusivamente como una estructura motora. Hoy sabemos que participa de circuitos mucho más amplios y que también interviene en funciones cognitivas y emocionales. Esto nos permite comprender mejor por qué algunas enfermedades que lo afectan pueden producir manifestaciones que van más allá de la coordinación”, señala el doctor Gonzalo Gómez Arévalo, Jefe de la Unidad de Movimientos Anormales del Instituto de Neurociencias del Hospital Universitario de la Fundación Favaloro INECO.
Una misma manifestación, muchas causas posibles
La ataxia puede aparecer por diferentes motivos. Existen ataxias hereditarias, relacionadas con alteraciones genéticas, y otras adquiridas a lo largo de la vida.
Entre las posibles causas se encuentran enfermedades neurológicas, accidentes cerebrovasculares, procesos inflamatorios o autoinmunes, infecciones, déficits nutricionales, determinados medicamentos o sustancias y otras condiciones que pueden afectar al cerebelo o a las vías nerviosas relacionadas con la coordinación.
“Frente a una ataxia, el diagnóstico no termina al identificar que existe un problema de coordinación. Necesitamos comprender cuál es la causa, porque detrás de una misma manifestación clínica puede haber condiciones muy diferentes y algunas de ellas pueden tener tratamientos específicos”, explica la doctora González Toledo.
No toda dificultad para caminar es ataxia
La inestabilidad o las dificultades en la marcha pueden tener muchos orígenes. Problemas musculares, articulares, vestibulares, alteraciones de la sensibilidad o determinadas enfermedades neurológicas también pueden modificar la manera de caminar.
Por eso, observar que una persona está más inestable no permite por sí solo concluir que tiene ataxia.
La evaluación neurológica permite analizar cómo camina, cómo coordina sus extremidades, qué ocurre con el equilibrio, el habla y los movimientos oculares y si existen otros signos que ayuden a orientar el diagnóstico.
A qué señales prestar atención ante cambios en la coordinación

Tropezar ocasionalmente puede ocurrirle a cualquier persona. Merece mayor atención cuando la inestabilidad aparece de manera nueva, se repite o progresa con el tiempo.

O también cambios en la escritura, problemas para alcanzar objetos, alteraciones en el habla o movimientos oculares anormales.

Esto se debe a que puede estar relacionada con condiciones agudas, entre ellas un accidente cerebrovascular.

Si la dificultad para caminar, mantener el equilibrio o coordinar movimientos se mantiene o aumenta con el tiempo, es importante realizar una evaluación neurológica para investigar su origen.

Algunas ataxias tienen un origen genético. Conocer si existen familiares con dificultades similares de coordinación, equilibrio o marcha puede aportar información relevante durante la evaluación.

“Ataxia” describe una manifestación, no explica por qué está ocurriendo. Identificar su origen permite definir el abordaje más adecuado y determinar si existe un tratamiento específico para la condición que la produce.
La coordinación es una capacidad tan integrada a nuestra vida cotidiana que generalmente solo advertimos su complejidad cuando algo comienza a fallar.
La ataxia puede modificar actividades tan diferentes como caminar, escribir, hablar o tomar un objeto. Pero detrás de esas dificultades no existe una única enfermedad ni una única evolución posible.
Por eso, frente a cambios persistentes en el equilibrio o la coordinación, el objetivo no es solamente ponerle un nombre al síntoma, sino comprender qué lo está causando.
En el Día Internacional de la Ataxia, conocer esta diferencia puede contribuir a evitar una confusión frecuente: tener ataxia no constituye por sí mismo un diagnóstico definitivo. Es el punto de partida para investigar qué está ocurriendo y definir, a partir de allí, el abordaje más adecuado.
Nota publicada en INFOBAE: https://www.infobae.com/salud/ciencia/2026/09/25/tropezar-perder-el-equilibrio-o-hablar-con-dificultad-cuando-una-alteracion-en-la-coordinacion-requiere-atencion-medica/