Ataques de pánico con estudios que dan bien: por qué el diagnóstico suele demorar – INECO
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Ataques de pánico con estudios que dan bien: por qué el diagnóstico suele demorar

Ataques de pánico con estudios que dan bien: por qué el diagnóstico suele demorar

Consultas repetidas a la guardia, electrocardiogramas normales y un malestar que no cede. El recorrido habitual antes de llegar a un diagnóstico correcto.

Es muy usual que las personas con trastorno de pánico realicen numerosas consultas médicas, por ejemplo a las guardias, y se sometan a numerosos estudios —electrocardiogramas, ecocardiogramas, análisis de laboratorio reiterados— sin recibir diagnóstico médico alguno.

Esto tiene una explicación: por la intensidad de sus manifestaciones físicas, quienes atraviesan una crisis de pánico suelen acudir primero a las guardias o a los consultorios médicos, convencidos de que están teniendo un problema cardíaco.

«Usted no tiene nada»

Lo habitual es que el episodio se interprete «como consecuencia del estrés» o del «carácter nervioso» de la persona, sin indicarle el tratamiento adecuado y diciéndole en muchos casos «usted no tiene nada».

Ese tipo de respuesta desesperanza a la persona, dilata su diagnóstico y aumenta su estigmatización.

El costo de la demora

Mientras tanto, el ciclo continúa. La ansiedad anticipatoria se instala, aparece la evitación de lugares y situaciones, y el trastorno tiende a la cronicidad, con períodos de crisis más o menos severas que van socavando el bienestar y la autoestima.

Si no ocurre un tratamiento eficaz que interrumpa ese ciclo, la evolución puede ser hacia la depresión y el aislamiento social.

Qué cambia con un equipo especializado

Muchas veces, la persona que llega a una consulta especializada ya cuenta con los estudios que descartan un problema cardíaco. Lo que necesita en ese punto no es otro estudio, sino entender qué le está pasando y qué hacer al respecto.

El trastorno de pánico tiene tratamientos con muy buena evidencia. Reconocerlo es el paso que interrumpe el ciclo.


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