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La depresión en distintos momentos de la vida

La depresión en distintos momentos de la vida

Qué es la depresión sonriente, cuando el dolor emocional se oculta tras una vida que parece “normal” (nota con participación de la Lic. Tarallo)

El trastorno depresivo mayor con alto funcionamiento permite mantener actividades diarias aunque se sufra un intenso malestar mental. El principal riesgo es la demora en buscar tratamiento.

Cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha que busca visibilizar sobre este trastorno que,según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a 280 millones de personas, entre ellos 23 millones de niños y adolescentes. A su vez, es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad.

Sin embargo, no todas las depresiones se manifiestan con tristeza, apatía, llanto o aislamiento social.

Existe una depresión “sonriente” o enmascarada, cuyo nombre científico es “trastorno depresivo mayor con alto funcionamiento”, que se caracteriza porque la persona que la sufre se presenta con una “fachada” de bienestar y puede seguir adelante con su vida laboral, social y familiar sin que nada en su conducta exterior sugiera la existencia de un un profundo malestar.

¿Cuál es la diferencia entre depresión y depresión sonriente?

Belén Tarallo, psicóloga y psicoterapeuta en Grupo Ineco (MN 72.020), explicó a Infobae que “la depresión es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una tristeza persistente o ánimo bajo, pérdida de interés o placer (anhedonia) y otros síntomas, como fatiga, alteraciones del sueño o del apetito, dificultades cognitivas —culpa, autocrítica, desesperanza— y, en algunos casos, ideas de muerte».

La licenciada Tarallo dijo que el término «trastorno depresivo mayor con alto funcionamiento» se emplea para describir a quienes cumplen criterios de depresión, pero continúan desempeñándose bien laboral, académica o socialmente, muchas veces sosteniendo una imagen de fortaleza, eficiencia o buen ánimoEsto no significa que la depresión sea leve. En estos casos, el esfuerzo para seguir adelante suele realizarse a costa de un alto desgaste emocional y fisiológico».

Y agregó: “Para que se diagnostique un trastorno depresivo mayor, estos síntomas deben mantenerse durante al menos dos semanas, generar malestar clínicamente significativo o afectar el funcionamiento y no explicarse mejor por otras causas médicas o psicológicas», señaló la experta.

Por su parte, la doctora María Florencia Vidal, del Servicio de Psiquiatría de Fleni, (MN 127.187), explicó a Infobae que “se refiere a aquellas personas que presentan criterios que cumplen con el diagnóstico de trastorno depresivo mayor, pero que externamente parecen estar bien: sonríen, trabajan, cumplen con las actividades de la vida diaria y sus responsabilidades y mantienen una imagen de fortaleza».

“Sin embargo, internamente experimentan un profundo malestar emocional. Es una forma de presentación riesgosa dado que puede pasar inadvertida y postergar o retrasar la búsqueda de ayuda», advirtió.

La dificultad a la hora de detectar esta forma de depresión se encuentra en que justamente esa persona se oculta tras una máscara de funcionalidad.

El doctor Rolando Salinas, médico psiquiatra, jefe de Salud Mental del Hospital Alemán y profesor de Psicología de la Salud, Universidad Católica Argentina (MN 72.241), señaló que la detección temprana de la depresión es clave, y en ese sentido la atención primaria de la salud cumple un rol decisivo.

“En la práctica cotidiana, muchas personas no consultan diciendo que están deprimidas. Llegan por dolores persistentes, por un cansancio que no se explica, por trastornos digestivoscefaleas o insomnio. Estudios normales, consultas repetidas y un malestar que no cede. Con frecuencia, detrás de esos síntomas físicos hay una depresión que todavía no pudo ser reconocida como tal”, afirmó.

El doctor Salinas indicó que hay señales de depresión que merecen ser escuchadas: “La pérdida de interés por lo que antes resultaba significativo, el agotamiento constante, los cambios en el sueño o el apetito, la dificultad para concentrarse, la sensación de vacío o de no encontrar salida. Cuando aparecen ideas de muerte o de hacerse daño, la consulta profesional no puede esperar», alertó.

Cuáles son los síntomas de la depresión

La doctora Vidal señaló las manifestaciones de la depresión y la depresión sonriente:

“La depresión se manifiesta mediante tristeza persistente, sentimiento de vacío culpa excesiva, desesperanza. También alteraciones en la concentración, dificultad en la toma de decisiones, pensamientos negativos e incluso ideas de muerte. También hay aislamiento social, sobreexigencia, insomnio o hipersomnia, cambios en apetito y peso, fatiga y dolores corporales», describió.

En cambio, en la depresión sonriente, “muchas personas funcionan ‘hacia afuera’ y eso implica un desgaste psíquico importante. Esto por supuesto, repercute en la calidad de vida, relaciones interpersonales, rendimiento ya sea laboral y /o académico y puede llevar al riesgo de consumo de sustancias, burnout y conductas suicidas dado que el sufrimiento queda invisibilizado», afirmó.

Entre las señales habituales de la depresión sonriente o trastorno depresivo mayor con alto funcionamiento se encuentran, según la licenciada Tarallo:

  • Funcionamiento externo conservado, pero con agotamiento interno intenso.
  • Sonrisa social, buen desempeño y cumplimiento de responsabilidades, junto con anhedonia (“nada me entusiasma de verdad”).
  • Fatiga crónica que no mejora con el descanso.
  • Autocrítica elevada y sensación de insuficiencia.
  • Desconexión emocional o sensación de “estar en piloto automático”.
  • Dificultad para pedir ayuda (“no estoy tan mal”, “otros la pasan peor”).
  • Tendencia al perfeccionismo, la autoexigencia y la hiperresponsabilidad.

La licenciada Tarallo agregó: “Aunque la persona parezca estar bien, hay pistas que pueden indicar trastorno depresivo mayor con alto funcionamiento”, señaló:

  • Cambios sutiles en el disfrute: la persona realiza actividades, pero ya no las disfruta.
  • Cansancio persistente, irritabilidad o mayor sensibilidad emocional.
  • Comentarios de desvalorización personal o culpa excesiva.
  • Aislamiento emocional, aunque mantenga la socialización.
  • Uso constante de la actividad como mecanismo para evitar el malestar.
  • Dificultad para detenerse, descansar o reconocer necesidades propias.

“A menudo, el entorno no lo detecta y la propia persona tarda en reconocerlo”, advirtió la psicóloga.

Abordaje terapéutico y prevención

La doctora Vidal explicó que El abordaje debe ser integral y personalizado.

Recomendó psicoterapia con enfoque en la expresión emocional, la autoexigencia y sobre todo en la dificultad para mostrarse vulnerable. “El tratamiento puede ser con terapia cognitiva conductual, terapia psicodinámicas o de tercera ola”.

El tratamiento farmacológico se lleva a cabo cuando está indicado y siempre debe estar supervisado por profesional idóneo, indicó la doctora.

También destacó la psicoeducación: “Ayudar a la persona a comprender que no necesita ‘poder con todo’, fomentar redes de apoyo”.

Finalmente concluyó: “El punto clave es validar el sufrimiento. Sonreír no significa estar bien. Pedir ayuda es un acto de fortaleza, no de debilidad».

Por su parte, la licenciada Tarallo explicó que desde la perspectiva de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), el tratamiento se organiza en varios niveles:

  • Identificación y modificación de patrones cognitivos: trabajo sobre pensamientos automáticos como “tengo que poder con todo”, “mostrar debilidad es fallar” o “si freno, todo se derrumba”; revisión de creencias centrales sobre autoexigencia y valor personal.
  • Psicoeducación: comprender la depresión y los mecanismos que la mantienen; desmontar la creencia de que “si funciono, no debería sentirme así”.
  • Intervenciones conductuales: activación orientada al placer y al autocuidado, no solo a la productividad; reaprendizaje del descanso como conducta válida.
  • Regulación emocional y manejo del estrés: desarrollo de habilidades para registrar, tolerar y expresar emociones; reducción de la sobrecarga crónica y del estrés desadaptativo.
  • Prevención de recaídas: detección temprana de señales de sobreexigencia y construcción de un equilibrio más sostenible entre hacer, ser y descansar.

“El abordaje integral permite recuperar el bienestar sin depender únicamente del rendimiento externo”, concluyó la psicóloga.

En cuanto a la prevención, el doctor Salinas señaló queno se juega solo en el consultorio. “También se construye en las escuelas, las familias, los lugares de trabajo y las instituciones, promoviendo educación emocional, vínculos de cuidado y un uso más saludable del entorno digital. Pensar la salud mental como parte de la salud integral implica fortalecer la atención primaria, sostener políticas públicas y seguir reduciendo el estigma que todavía rodea al sufrimiento psíquico. Hablar de depresión con responsabilidad no genera alarma. Permite reconocer, acompañar y tratar», finalizó.

Nota publicada en INFOBAE: https://www.infobae.com/salud/2026/01/13/que-es-la-depresion-sonriente-cuando-el-dolor-emocional-se-oculta-tras-una-vida-que-parece-normal/


Advertencia: la condición silenciosa que en adultos mayores suele adjudicarse a la edad, pero es un cuadro de salud mental (nota con la participación del Dr. Bustin)

Suele manifestarse con síntomas físicos o aislamiento que se naturalizan con el paso del tiempo; advierten que esto retrasa el diagnóstico.

Una persona mayor empieza a levantarse más tarde, duerme mal, pierde el interés por actividades que antes disfrutaba y se queja de dolores persistentes. No dice que está triste. No habla de angustia. A su alrededor, la explicación aparece rápido: “es la edad”. Esa frase, repetida casi como un reflejo, suele clausurar preguntas que, según los expertos, deberían abrirse. En muchos casos, detrás de ese cansancio cotidiano hay una depresión que no se nombra ni se trata. En el Día Mundial de la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero, especialistas advierten que en las personas mayores esta enfermedad sigue siendo frecuente, silenciosa y subdiagnosticada.

Lejos de ser un problema marginal, la depresión en la vejez es una de las condiciones de salud mental más invisibilizadas. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 14% de las personas de 70 años o más viven con algún trastorno mental, siendo la depresión y la ansiedad los más frecuentes. Estudios epidemiológicos internacionales indican que entre el 10% y el 20% de las personas mayores presentan depresión clínica, y que si se consideran síntomas depresivos más amplios esa cifra puede superar el 25%.

Sin embargo, muchos de esos cuadros no llegan nunca a diagnosticarse ni a tratarse de manera adecuada. A su vez, las fuentes consultadas destacan que la mejor manera de prevenir estos cuadros es sostener los espacios de encuentro, promover actividades físicas adaptadas y fortalecer los vínculos tiene un impacto real en el bienestar emocional.

Desde el Centro Hirsch, institución especializada en el cuidado integral de personas mayores, insisten en que uno de los principales obstáculos es la forma en que la depresión se manifiesta en esta etapa de la vida. “En las personas mayores, la depresión muchas veces no aparece como tristeza evidente, sino a través de síntomas físicos como dolor crónico, fatiga, cambios en el apetito o dificultades para dormir, que suelen interpretarse como parte natural del envejecimiento”, explica Emilce Schenk, coordinadora del Equipo Psicosocial. Esa lectura reduce la posibilidad de detectar un problema de salud mental tratable y prolonga el sufrimiento.

El médico psiquiatra Julián Bustin, jefe de la Clínica de Gerontopsiquiatría y Memoria de Ineco, coincide en que uno de los errores más frecuentes es confundir síntomas depresivos con señales normales del paso del tiempo. “Con frecuencia, cuando una persona mayor está apagada o sin ganas, decimos que es ‘la edad’. Pero ese es un falso mito que hay que desterrar. La depresión no es parte natural del envejecimiento”, subraya. En este grupo etario, agrega, la tristeza no siempre es el síntoma principal: predominan el insomnio, el dolor corporal, la disminución del apetito o incluso problemas de memoria, lo que retrasa el diagnóstico.

Para Bustin, detectar la depresión a tiempo es especialmente relevante en personas mayores. “Son quienes, estadísticamente, tienen menos tiempo por delante. Cada momento vivido sin depresión es particularmente valioso”, resalta. Además, remarca otro mito persistente: la idea de que los adultos mayores responden peor al tratamiento. “La evidencia muestra que responden igual o incluso mejor a ciertos tratamientos que las personas más jóvenes”, afirma, y advierte sobre la necesidad de contar con más datos epidemiológicos locales que permitan dimensionar el problema en la Argentina.

Calidad de vida

“Un tratamiento oportuno, que puede incluir acompañamiento psicológico, medicación y abordajes sociales, no solo mejora el ánimo y la calidad de vida, sino que en algunas personas también puede estabilizar o enlentecer el deterioro cognitivo”, resalta Marcelo Schapira, jefe de Medicina Geriátrica del Hospital Italiano.

El subdiagnóstico también está ligado a factores culturales y del propio sistema de salud. El psiquiatra Rolando Salinas, jefe de Salud Mental del Hospital Alemán y profesor de Psicología de la Salud en la Universidad Católica Argentina (UCA), explica que en la consulta cotidiana gran parte del foco se pone en los síntomas físicos. “Muchas personas mayores no dicen ‘estoy deprimido’; consultan por cansancio, falta de energía o molestias corporales. Si no se indaga de manera específica sobre el estado de ánimo, ese sufrimiento queda oculto”, destaca Salinas.

A esa dificultad clínica se suman creencias profundamente arraigadas. La naturalización del malestar emocional en la vejez, el estigma en torno de la salud mental y la idea de que “ya no vale la pena” buscar ayuda funcionan como barreras invisibles. “Frases como ‘es lógico a esta edad’ o ‘con todo lo que vivió’ terminan justificando un malestar que merece atención”, advierte Salinas. En contextos institucionales, el retraimiento o la apatía también pueden leerse erróneamente como rasgos normales del envejecimiento.

Desde el Centro Hirsch, la psicóloga Sofía Skrobak destaca el impacto de la soledad y el aislamiento social. “La soledad es una vivencia subjetiva de desconexión emocional, mientras que el aislamiento social es la ausencia objetiva de vínculos. Ambos afectan profundamente la salud mental de las personas mayores”, explica. A esto se suman los duelos y las pérdidas propias de esta etapa: no solo de seres queridos, sino también del cuerpo, la autonomía y los roles sociales, procesos que requieren acompañamiento y validación.

Verónica Tedesco, trabajadora del área social de la institución, subraya que la depresión en la vejez suele estar atravesada por múltiples factores emocionales y contextuales. Señales como el aislamiento progresivo, el descuido personal, las alteraciones del sueño o cambios en el manejo del dinero pueden funcionar como alertas tempranas. “Escuchar la historia de cada persona, favorecer la comunicación con las familias y promover rutinas y actividades significativas impacta directamente en la autoestima y el sentido de pertenencia”, sostiene.

Los especialistas coinciden en que la prevención no se limita al tratamiento individual. Combatir la soledad, sostener espacios de encuentro, promover actividades físicas adaptadas y fortalecer los vínculos tiene un impacto real en el bienestar emocional.

Salinas agrega un punto cada vez más relevante: la brecha digital. La exclusión tecnológica, explica, aumenta de manera significativa el riesgo de síntomas depresivos y refuerza el aislamiento, por lo que la alfabetización digital adaptada se vuelve una herramienta de prevención.

El mensaje que emerge es claro, la depresión no es una consecuencia inevitable de envejecer. Es una enfermedad frecuente, seria y tratable. Detectarla a tiempo, escuchar sin prejuicios y brindar apoyo profesional permite aliviar un sufrimiento muchas veces silencioso y acompañar a las personas mayores hacia una vejez con mayor bienestar.

Nota publicada en La Nación: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/es-la-edad-cual-es-la-condicion-silenciosa-entre-los-adultos-mayores-que-se-confunde-con-cuadros-de-nid13012026/


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